—Llámalo —dijo Dominic.
Mara ya estaba marcando, sus dedos temblando visiblemente sobre la pantalla del teléfono. Ryan contestó al primer tono, la voz baja, tensa, apenas un susurro que Mara tuvo que esforzarse para escuchar.
—Está aquí —susurró él—. En mi sala. No sé qué hacer.
—Ponla en altavoz —dijo Dominic—. Ahora.
Hubo un ruido, pasos, y luego la voz de Celeste, suave y controlada de una manera que a Mara siempre le había parecido natural y que ahora sonaba completamente calculada. Sintió q