La agente inmobiliaria se llamaba Priya.
Tenía unos treinta y tantos años, era eficiente y genuinamente entusiasta con el sector inmobiliario, de una manera que no parecía fingida; era el tipo de persona que había encontrado aquello en lo que era buena y lo que disfrutaba, y descubrió que eran lo mismo.
Tenía cuatro apartamentos para mostrarles esa mañana de jueves.
Clara acompañó a Mara porque Clara tenía una opinión muy marcada sobre la luz y también porque se había tomado la mañana libre, Sa