—Sabía que vendrían —dijo Adriana Reyes, abriendo la puerta apenas una rendija.
Vivía en un edificio pequeño al otro lado de la ciudad, con la pintura descascarada y un pasillo que olía a comida de otras casas. Mara había tocado la puerta sintiendo a Dominic detrás de ella, tenso, respirando despacio como alguien que se prepara para recibir un golpe que ya sabe que va a doler. Le había puesto una mano en el brazo antes de que la puerta se abriera, solo un segundo, solo para que supiera que ella