Llegó el lunes como siempre.
Sin previo aviso y con una agenda repleta.
Mara estaba sentada a la mesa de la cocina de Clara a las ocho de la mañana con su café y su portátil cuando Dara la llamó para confirmar que la institución científica había recibido formalmente los datos de la memoria USB y que la revisora principal, la Dra. Adaeze Nwosu, con una reputación internacional en investigación farmacéutica y cuyo nombre Dara mencionó con especial énfasis, como si quisiera transmitir que era la