—Las cartas —dijo Dominic, sin ningún saludo, apenas cruzar la puerta del café.
Adrian ya estaba sentado, esperándolos. Mara lo reconoció de inmediato, la misma chaqueta oscura, las mismas manos planas sobre la mesa, esa postura calculada que ella había aprendido a leer meses atrás sin saber que un día significaría algo completamente distinto. El café estaba casi vacío a esa hora de la tarde, solo un par de mesas ocupadas cerca de la ventana, la misma luz cálida que Mara recordaba de la primera