El edificio se encontraba en la zona más nueva de la ciudad.
No en las calles más antiguas, cargadas de historia, ni en el distrito puramente corporativo, sino en un punto intermedio: un barrio que había sido industrial y que había sido reconstruido como zona residencial, conservando suficiente arquitectura original para darle carácter sin caer en la pretensión.
El edificio era limpio y moderno, con un conserje en el vestíbulo que, al verla entrar, levantó la vista, le preguntó su nombre, la ll