—Está viva —dijo Mara, la voz quebrándose—. Dominic, está viva.
Un pulso. Débil, pero ahí. Lo había sentido latir bajo sus dedos y había soltado un sollozo que le desgarró el pecho entero, el alivio golpeándola con la misma fuerza que el terror que acababa de sentir segundos antes.
Él ya estaba marcando una ambulancia, su voz sorprendentemente firme dando la dirección mientras se arrodillaba al otro lado de Adriana, revisando su respiración, su cabeza girada hacia la puerta como si esperara qu