—No vas a ir solo —dijo Mara, parándose frente a la puerta del hospital con los brazos cruzados—. Ni lo pienses.
Dominic se pasó una mano por el pelo, la frustración clara en cada línea de su rostro. —Si es una trampa, no quiero que estés ahí cuando explote.
—Y yo no voy a dejarte enfrentar a tu propia madre solo —dijo Mara—. No después de todo lo que hemos pasado juntos esta noche.
Él la miró largamente, algo cediendo detrás de sus ojos, y finalmente asintió, incapaz de discutir contra la deter