Cassian
—Entonces deja de hablarme como si yo fuera el centro del problema y no la persona atrapada dentro de él.
Las palabras me atraviesan con una precisión insoportable.
Porque sí.
Porque todo esto le cae encima a ella primero. A su cuerpo. A su sangre. A su sueño. A sus miedos. Y yo sigo de pie, con la autoridad intacta, fingiendo que eso me permite decirle qué hacer sin aceptar lo que le cuesta.
Bajo la voz.
—Lo sé.
Génesis parpadea.
No esperaba esa respuesta.
Ni yo esperaba darla así.
Iso