GénesisDespierto y sé de inmediato que Cassian no está en la cama.No porque el sitio a mi lado esté vacío. Eso ya me ha pasado otras veces. Lo sé porque el vínculo no me llega desde cerca, tibio, medio dormido, sino desde una distancia corta y tensa. Está despierto. Pensando. Cerrado sobre algo que no quiere compartir todavía.Abro los ojos despacio.La habitación sigue a oscuras salvo por la luz baja del fuego. Mi hijo duerme en la cuna, o eso creo al principio, porque cuando me incorporo un poco veo que la cuna está vacía.El corazón se me dispara.Me siento de golpe, ignorando la punzada todavía presente en el vientre. La herida ya no me arde como antes, pero sigue recordándome, cada vez que me muevo demasiado rápido, que la muerte estuvo aquí y se fue con mal humor.—¿Cassian? —mi voz sale baja, áspera por el sueño.No me responde desde la cama.Lo encuentro en la zona junto a la chimenea.Está sentado en el sillón alto, con nuestro hijo dormido en un brazo y un cuaderno oscuro
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