Cassian
Los días no traen paz.
Solo una versión más silenciosa de la guerra.
El castillo se cierra sobre nosotros como una fortaleza herida. Sellé corredores, cambié guardias, oculté pasadizos y convertí mis antiguos aposentos subterráneos en un refugio donde solo entran Helena, Isolde, el niño, Génesis y yo. Ni el consejo. Ni los curiosos. Ni el veneno perfumado de Selene. Nadie.
Y, aun así, la amenaza no desaparece.
Solo aprende a esperar detrás de las piedras.
Lo que sí cambia es él.
Mi hijo