Cassian
Cierro la puerta de la torre con mis propias manos.
No porque desconfíe de mis hombres. Porque el castillo ya huele demasiado a traición y sangre como para dejar la vida de Génesis detrás de una orden soltada al viento.
—Nadie entra —ordeno, mirando a los guardias uno por uno—. Nadie.
Helena asiente desde el corredor. Isolde sigue dentro con Génesis. La vieja del bosque ya no está en la torre, pero su veneno sí. Lo dejó en la cabeza de la mujer que amo y en la mía. Y odio que una parte