La puerta se cerró a mi espalda con un sonido suave, casi inocente, pero dentro de mí todo seguía vibrando con una intensidad que no encontraba forma de disiparse, como si el aire de la noche no hubiera sido suficiente para enfriar lo que se había encendido entre nosotros, como si cada palabra, cada mirada, cada silencio compartido se hubiera quedado adherido a mi piel de una forma que ya no podía ignorar ni fingir que no existía. Caminé unos pasos hacia el interior, intentando recuperar el rit