El silencio que dejó después de irse no fue alivio, fue un vacío incómodo que no logró acomodarse en ningún lugar dentro de mí, como si su ausencia no fuera real sino una extensión distinta de su presencia, más sutil, más persistente, más difícil de ignorar porque ya no tenía un punto concreto al que enfrentarme. Me quedé de pie en medio del salón unos segundos que se sintieron más largos de lo que deberían, con la respiración aún irregular, con el cuerpo demasiado consciente de algo que no hab