La voz continuó resonando mucho después de que las últimas palabras se apagaran, como si el propio cielo se negara a olvidarlas. La oscuridad seguía deslizándose por la enorme grieta abierta sobre el jardín y cada hilo de aquella sombra parecía buscar el suelo con una lentitud insoportable, como un depredador que disfrutaba contemplando el miedo de su presa antes de atacar. El perfume de las flores desapareció por completo y fue reemplazado por un olor antiguo, parecido al de los libros olvidados durante siglos, al de las ruinas que aún conservan los secretos de quienes murieron intentando protegerlas. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda mientras Jake daba un paso delante de mí de forma instintiva, colocándose otra vez entre aquella amenaza y mi cuerpo, y ese gesto tan sencillo bastó para recordarme que, incluso frente a algo capaz de quebrar el cielo, él seguía pensando primero en protegerme.—No vuelvas a esconderte detrás de mí —dije en voz baja, rodeando su brazo con las dos
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