Capítulo 31Sarah.Caminé por los pasillos del hospital sintiendo que, por primera vez en años, mis zapatos no pesaban. La euforia era una droga recorriendo mis venas, caliente y eléctrica. Había ganado. Miguel estaba acabado, la empresa volvía a mis manos y, lo más importante, Joe era mía. Legal y totalmente mía.Mientras avanzaba hacia la habitación de mi hija, ya estaba trazando el mapa de mi nueva vida. No volvería a la mansión de Alejandro para quedarme. Usaría el poco dinero que me quedaba ahorrado para instalarme con mis padres unas semanas. Allí Joe estaría segura, rodeada de sus abuelos, lejos de los ojos fríos de Alejandro y de su control asfixiante.—Ya nos vamos, pequeña —susurré al entrar.Joe estaba sentada en la cama, jugando con un rompecabezas de madera.Levantó la vista y me regaló esa sonrisa que me hacía sentir que cualquier sacrificio valía la pena.—¿A casa de la abuela? —preguntó con los ojos brillantes.—A casa de la abuela —confirmé, dándole un beso en la fren
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