Capítulo 29 Sarah. 9:58 El juez ya estaba acomodando sus papeles, listo para ponerse en pie y dar por terminada una sesión que ni siquiera había empezado. Mi abogado me puso una mano en el hombro, un gesto de lástima que me dieron ganas de rechazar de un manotazo. Me sentía derrotada, humillada por la ausencia de un hombre que seguía controlando mi vida incluso sin dar la cara. Entonces, el estruendo de las puertas dobles al abrirse de par en par hizo que todos en la sala diéramos un sobresalto. Me giré, esperando ver a Miguel con su traje italiano de tres piezas y esa sonrisa de suficiencia que me revolvía las entrañas. Pero el hombre que entró no era Miguel Hans. O al menos, no era el hombre que yo conocía. Estaba completamente empapado. El agua destilaba por su cabello, pegqndose a su frente en mechones descuidados. Se detuvo en mitad del pasillo, temblando ligeramente. No de frío, sino de algo que parecía un terror absoluto. —Llega tarde, señor Hans —sentenció el juez, aj
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