La grave carcajada masculina desviaba, de vez en cuando, una que otra atenta mirada hacia esa mesa especial, ciertamente reservada para la pareja. Aun en la distancia, y desde cualquier ángulo de aquel hermoso lugar, se notaba una energía positiva, cómplice, y cargada de un amor que nadie, aun cuando lo intentara, podía negar. Sobre la mesa, yacían tomados de la mano, como lo habían estado en casi todos los espacios que compartieron. Disfrutaban de cócteles, una conversación animada, y no era extraño escuchar la encantadora nota de la risa de la dama, o bien, esa grave y envolvente del caballero.Y es que, así como los comensales del lujoso restaurante notaban esa energía, ellos, que ya se sabían envueltos en la misma, estaban ahí, compartiendo una de las mejores citas que habían tenido. Y vaya que, en comparación con las que ya habían vivido, se sentía aún más fuerte, poderosa y romántica. Sobre su copa, de ese cóctel dulce que habían preparado exclusivamente para ella, los dorados o
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