—¿Y qué sería eso, Melissa?—Ya no soy una Halloway —Zane tensó la mandíbula—. Soy una Ravage. Y si los empleados me hacen caso es porque ellos me ven como la señora Ravage, y esta es mi casa, es mi hogar, es donde me he propuesto construir mi matrimonio y, eventualmente, mi familia —su hermano adoptivo parecía impresionado—. Y por lo mismo, no espero que sigas viniendo de esta manera, sin avisar. Como te lo dije en esa llamada, yo decidiré cuándo quiero reconectar, si acaso lo quiero, con ustedes —aclaró—. Y en este lugar hay reglas que mi esposo ha establecido, y todos debemos cumplirlas.—¿Incluyéndote?—Si no las cumplo yo, ¿dónde queda el poder de mi esposo?Zane se burló de inmediato, viéndola con confusión. Negó ante ella, pero Melissa solo lo observó cuando su hermano se movió de lugar, quedando en el otro sillón, donde logró alcanzarle la mano.—Melissa, si estoy aquí es porque estaba preocupado. Por supuesto que me encanta encontrarte bien, al menos en apariencia, porque no
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