La mano se ajustó a su mejilla y, en esa posición, se abrió espacio en su boca. El ritmo, profundo, consiguió que ella misma fuera quien moviera su lengua, buscando, tanteando, saboreando lo bien que empezaba a adaptarse a lo que Ares le proponía. Desde la habitación dorada hasta esa vida donde ella, como su esposa, iba a ceder: a su guía, a su poder, a su presencia… y a la seguridad que, incluso con todo lo que había vivido, sí sentía.—Voy a cumplir mi parte de ese trato al que hemos llegado —le señaló—. Cada orgasmo es medio millón que has gastado, y si te portas bien, como estoy seguro sucederá, voy a redondear esa pequeña cifra que ha quedado.—Seré una buena niña —murmuró apenas audible, pero la sonrisa que Ares dibujó fue perfecta para ella.—Como ya lo eres —señaló—. Mi colibrí —le rozó la boca con la suya—. Mi buena niña.El beso descargó una corriente de electricidad en ellos, poderosa, que se movió bajo la piel sin ningún tipo de freno. Una sola cosa, en ese momento, se hab
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