Franco esperó a que Lorenzo se marchara.No lo hizo por cortesía ni por táctica. Lo hizo porque, con Bellini en la sala, había una calma que no le pertenecía a ese momento. Una calma limpia, educada, irritante, capaz de recordarle a Adriana que existían hombres que podían ofrecer ayuda sin convertirla antes en campo de batalla.Damián acompañó a Lorenzo hasta la salida. La puerta se cerró con un sonido suave y dejó en la sala una tensión que no se fue con él.Adriana estaba junto a la ventana, de espaldas, con los brazos cruzados. No parecía estar protegiéndose de Franco, sino sosteniendo su propio peso después de demasiadas verdades. Bianca había llamado a Mara. Lorenzo conocía a Mara. Franco sabía que existía un circuito en Lausana capaz de tocar el Archivo Nerea y aun así no se lo había dicho.La lista era demasiado larga para una mañana.—Bianca convocó a mi madre —dijo Adriana.Franco no respondió de inmediato.Ella se giró despacio.Él estaba junto a la mesa, con la taza intacta
Leer más