Franco no salió de inmediato.
Eso fue lo primero que Adriana no entendió.
Damián acababa de decir que Beatrice había entrado al hotel del puerto. El mismo hotel donde Mara seguía registrada bajo un nombre que, hasta hacía unas horas, parecía una ventaja. Beatrice llevaba consigo acceso a registros médicos, contactos suficientes para deformar cualquier relato y esa calma perfecta de mujer que nunca necesitaba levantar la voz para destruir una vida.
Y aun así, Franco no corrió hacia la puerta.
No