La culpa de Franco siempre tenía nombre.
Adriana lo supo la primera vez que escuchó cómo pronunciaba el de Bianca. No con indiferencia ni con fastidio. Con el tono específico de quien debe algo que no sabe cómo liquidar porque nunca terminó de decidir si era deuda o si era parte de sí mismo.
Eso era lo que Beatrice había sabido ver también.
Lo que la hacía más peligrosa que Gael o que Tomás: no sus propios recursos, sino su capacidad para encontrar las culpas de otros y convertirlas en acceso.
B