Damián esperó en el umbral con la paciencia de un hombre entrenado para no existir mientras la tensión existía. Pero su presencia seguía ahí, con el mensaje de Lorenzo suspendido entre los tres como una pregunta que nadie había respondido todavía.
Franco no le dijo nada de inmediato.
Giró la vista hacia Adriana con una fracción de segundo de más. Era un gesto mínimo, uno que a cualquier extraño le habría parecido neutro, pero Adriana llevaba suficiente tiempo leyendo a Franco como para saber cu