La llave desapareció en manos de Damián, pero su sonido siguió dentro de la habitación mucho después de que Bianca se marchara.
Adriana no necesitaba verla sobre la mesa para sentirla. Bastaba recordar el metal gastado entre los dedos de esa mujer, la forma en que Bianca lo había mostrado como si no fuera solo un objeto, sino una prueba de pertenencia anterior. Una llave podía abrir una puerta. También podía demostrar quién había tenido permiso de entrar antes de que otra siquiera supiera que e