Ginevra GiovanniEra la hora de partir, el momento en el que pactaríamos las bases de este matrimonio arreglado, que, tras la noche anterior, se sentía como algo más que un simple acuerdo. Habíamos dormido juntos, despertando abrazados como en las noches anteriores. Pero esta vez fue diferente; era como si ya hubiésemos puesto las pautas de nuestro matrimonio sobre la mesa, y sabía qué esperar de él, al menos en parte.No había forma de que durmiéramos en cuartos separados, ni siquiera aunque ya no hubiese una amenaza latente sobre mi cabeza. Sin embargo, de alguna forma, estaba bien con eso. Podía aceptarlo porque no me molestaba; de hecho, me reconfortaba sentir su presencia a mi lado, como un escudo en medio de la incertidumbre.Al bajar las escaleras, Mikhail me esperaba en la puerta, con ambas maletas listas y esperando en el porche. Él había vuelto a ser ese Pakhan impecable, erguido en toda su altura, con una complexión más imponente que nunca. Su cabello estaba bien peinado, l
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