Ginevra Giovanni
—Estuve en Siberia por dos años —le escuché decir.
Mi mirada se levantó del plato y me enfoqué en sus palabras. Él apenas había tocado el suyo, pero comía despacio, sin prisa. La cabaña, con sus paredes de madera oscura y el suave resplandor de la chimenea, creaba un ambiente acogedor en contraste con el frío que azotaba el exterior. Esa era nuestra última noche aquí. Después de aquel encuentro en el que le confesé la mayor parte de mis secretos, me abrazó, envolviéndome con