Ginevra GiovanniUnos toques leves y suaves me despertaron de mi profundo sueño. Las cortinas estaban corridas, dejando ver que ya era de tarde, casi entrando en la noche, con el sol ocultándose en el horizonte. Al enfocar bien mi vista, noté que Mikhail, el Pakhan, estaba a mi lado. El arrepentimiento brillaba en sus ojos; sin embargo, no dijo una sola palabra. Solo se sentó junto a mí en la cama, y yo me impulsé con mis brazos para colocarme en una posición sentada. —¿Quieres comer algo? —cuestionó, y yo negué, no porque no tuviera hambre, sino por esa necesidad de protegerme de él que empezaba a salir a flote. Una necesidad imperiosa de abrazarme a mí misma me embargó, pero la resistí lo mejor que pude. —Voy a prepararte un baño entonces. Él se puso de pie y caminó hasta el baño, perdiéndose en él. Pude escuchar cómo el agua comenzaba a caer, y me desinflé en la cama, sintiendo todos mis huesos doler. Los músculos de mi cuerpo y mi garganta ardían, y todo era producto del ata
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