15. Tinta sobre una nueva vida
La advertencia de Daniel quedó suspendida en el aire denso, una última oportunidad para escapar antes de que las puertas del infierno se cerraran a espaldas de Bianca. Él aún sostenía su mano, la calidez de su piel contrastando con la frialdad de las palabras que acababa de pronunciar. Sus ojos, negros como el azabache, se clavaron en los de ella, buscando alguna duda, buscando miedo, buscando una excusa para cancelar todo aquello.Bianca bajó la mirada hacia sus manos unidas. Vio los dedos largos y fuertes de Daniel envolviendo su mano, más pequeña y temblorosa. Vislumbró fugazmente el mundo de aquel hombre: un mundo de violencia en un callejón empapado por la lluvia, un mundo de poder en la cima de una torre de cristal y, ahora, el mundo de oscuridad que le prometía.Era aterrador. Por supuesto que lo era. Cada instinto de su cuerpo le gritaba que apartara la mano, que saliera huyendo de aquella fortaleza y no mirara atrás jamás.Pero, ¿huir adónde?¿Volver a la pastelería, ahora as
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