20. Las puertas del campo de batalla se han abierto
El reflejo en el espejo de piso a techo parecía mostrar la figura de una extraña. Bianca se quedó de pie, paralizada, casi sin atreverse a respirar, por miedo a arruinar la obra maestra que el equipo de estilistas acababa de crear en su cuerpo.
El vestido de alta costura color rojo sangre abrazaba sus curvas con una precisión letal. La seda de primera calidad caía con gracia hasta barrer el suelo, mientras que la abertura asimétrica en la pierna creaba la ilusión de una longitud elegante y a la