12. Deuda saldada y el ataque de los cobardes
La pregunta de Daniel quedó suspendida en el aire, afilada y fría como la punta de una daga de hielo, diseñada para demoler los últimos vestigios de la confianza de Bianca. Su insulto fue directo, brutal. «Pastelera desaliñada». Esas palabras deberían haberla herido, deberían haberla hecho retroceder, aterrorizada.
Y, por un instante, Bianca vaciló. Pudo sentir un calor de vergüenza extenderse por sus mejillas. Su instinto le gritaba que bajara la cabeza, que se disculpara por su atrevimiento y