11. Una propuesta descabellada en la cima del cielo
La puerta de acero del ascensor se cerró con un clic que sonó definitivo, amortiguando todos los sonidos del vestíbulo y sumergiendo a Bianca en un silencio asfixiante junto a Daniel Hartwell. El estrecho espacio estaba revestido de un profundo terciopelo negro que absorbía la luz y el sonido, creando una atmósfera tan íntima que resultaba peligrosa. La única fuente de luz provenía de un panel digital con números de un azul gélido, que mostraba el ascenso a una velocidad vertiginosa.
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