La lluvia caía con fuerza, golpeando los ventanales, el techo, el suelo… Como si quisiera arrastrarlo todo consigo. Cada gota era un tamborileo insistente, un recordatorio de que el mundo seguía moviéndose aunque Emma ahora mismo quisiera detenerse.Emma caminaba bajo la lluvia sin apresurarse llegando poco a poco... Ya no tenía sentido correr, ni esconderse, ni fingir que todo iba a estar bien, su ropa estaba completamente empapada, el agua estaba pegándose a su piel como una segunda capa fría y pesada que le robaba el calor de su cuerpo.Cada paso que daba hacía que la tela se adhiriera más, que el frío se colara hasta los huesos. Pero, eso ya no le importaba, nada parecía importarle en ese momento.El camino desde la parada del autobús hasta la mansión se le había hecho eterno, las luces de la ciudad se difuminaban detrás de la cortina de agua, convirtiendo todo en un borrón gris y distante.En su mente, sin embargo, las imágenes eran nítidas, crueles, imposibles de ignorar.El hos
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