POV de NINAEl sonido del disparo fue como un hachazo que partió la noche en dos. El tiempo se volvió espeso, pegajoso, mientras veía a José tambalearse. La luz roja de la bengala iluminaba su rostro, una máscara de dolor y desafío, antes de que cayera de rodillas sobre el asfalto mojado.—¡JOSÉ! —mi grito se perdió en el estruendo de la lluvia. Intenté correr hacia él, pero dos hombres de Dante me sujetaron por los hombros, levantándome del suelo mientras Mateo gritaba, aferrado a mi pierna.—¡Suéltenla! ¡Papá! —el grito de Mateo me atravesó el pecho. Era la primera vez que lo llamaba así, y fue en el momento en que la vida de José parecía escaparse por una herida en su hombro.Dante se acercó a José, que respiraba con dificultad, presionando su herida con una mano llena de sangre. El hermano de Theo lucía imperturbable, guardando su arma en la funda bajo su chaqueta de diseño.—Te lo advertí, Vargas. En Zurich, las sombras no te protegen de la ley —Dante escupió a los pies de José—.
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