POV de NINA
El amanecer en Interlaken no trajo consuelo, solo una luz grisácea que se filtraba por las rendijas de la cabaña como un recordatorio de nuestras grietas. Theo no bajó a desayunar. El silencio que venía de su habitación era un muro de piedra que no me sentía capaz de escalar. Mateo, ajeno a la guerra silenciosa de sus padres, devoraba sus cereales mientras miraba por la ventana.
—¿El hombre de la bufanda volverá hoy, mami? —preguntó Mateo, con una inocencia que me dolió.
—No lo sé,