POV de NINAEl silencio que siguió a la tormenta de gritos en la cabaña era más aterrador que el viento que golpeaba las ventanas. Mateo ya estaba en su cama, exhausto por el llanto y el susto, pero yo no podía dejar de temblar. Caminé hacia el porche, ignorando las advertencias de los guardias de Dante que patrullaban el jardín con linternas de alta potencia.—Señora, por favor, entre. No es seguro —dijo uno de los hombres, pero lo aparté con la mirada.Necesitaba ver el lugar donde mi hijo casi pierde la vida. Caminé hacia el borde del sendero, allí donde la nieve estaba revuelta por la lucha de dos cuerpos. Me arrodillé en el suelo frío, hundiendo mis dedos en la nieve blanca. Y entonces, lo vi.Atrapado en una rama de abeto, balanceándose con el viento como una bandera de advertencia, había un pedazo de tela. Era lana gruesa, de un color rojo tan intenso que parecía una herida en medio de la blancura.Lo tomé con manos temblorosas. Al acercarlo a mi rostro, el aire se me escapó de
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