POV de NINA
El motor del barco roncaba debajo de nosotros, una vibración constante que me subía por las piernas y me recordaba que seguíamos huyendo. El aire en la cabina de carga olía a gasóleo, óxido y a la sangre metálica que empapaba la camisa de José. Hugo me había dejado un maletín médico básico antes de saltar a tierra, pero la luz mortecina de una bombilla pelada era lo único que tenía para no cometer un error fatal.
—¡Mateo, quédate en ese rincón y no mires! —le ordené, mi voz sonando