POV de NINA
El viento de la Bretaña francesa no era como el de los Alpes; no era seco y gélido, sino húmedo, salado y cargado de una melancolía que parecía filtrarse por los poros de la piel. El taxi nos dejó en la entrada de un sendero cubierto de maleza, frente a una casa de piedra gris que se alzaba sobre el acantilado como un centinela olvidado. El rugido del Atlántico rompiendo contra las rocas cientos de metros más abajo era el único sonido que nos daba la bienvenida.
—¿Aquí vamos a vivir