El sonido de la puerta cerrándose con firmeza marcó el inicio de un cambio en la atmósfera del penthouse. Sebastian caminó hacia su despacho sin mirar atrás, con ese porte imponente que parecía arrastrar el aire a su paso. Su expresión había cambiado apenas cruzó el umbral: la ligereza que había mostrado unos minutos antes con Renata desapareció por completo, reemplazada por una frialdad calculada, afilada, propia de alguien que no estaba acostumbrado a perder el control de nada… ni de nadie.Adrián ya lo esperaba dentro.—Señor, ya han llegado —informó con voz baja.Sebastian asintió levemente.—Hazlos pasar.No necesitó decir más. En cuestión de segundos, tres hombres ingresaron al despacho. Vestían trajes elegantes, pero incluso así, su presencia quedaba opacada por la figura de Sebastian, que permanecía de pie junto al ventanal, observando la ciudad con una calma inquietante.Uno de ellos carraspeó antes de hablar.—Señor Vegetti, es un honor…Sebastian levantó una mano, interrump
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