—Tienes una autoestima muy alta, no eres mi tipo de hombre, entonces no te preocupes, no me enamoraría de alguien como tú. Las palabras de Renata no fueron dichas con gritos, ni con dramatismo, pero tuvieron un peso preciso, exacto, casi quirúrgico, como si cada sílaba hubiese sido elegida para golpear en el lugar correcto, y lo logró, porque por un instante el ambiente cambió de manera imperceptible pero innegable, el aire se volvió más denso, más tenso, más cargado, como si incluso las paredes de la habitación fueran conscientes de que algo acababa de cruzar una línea peligrosa, algo que no se podía retirar tan fácilmente como se decía. Sebastian Vegetti no respondió de inmediato, pero tampoco apartó la mirada. Sus ojos verdes, que hasta hace unos segundos habían tenido ese brillo provocador y casi juguetón, se endurecieron lentamente, volviéndose más profundos, más oscuros, más… peligrosos, no había ira evidente en su expresión, no había un gesto brusco, pero sí había algo mucho
Leer más