El silencio en la habitación no duró mucho.
Apenas unos minutos después de aquella incómoda conversación, la puerta volvió a abrirse, esta vez sin demasiada sutileza. El doctor ingresó con paso firme, revisando una carpeta mientras se acercaba a la cama.
Renata levantó la mirada de inmediato.
Sebastian, en cambio, apenas abrió los ojos, como si ya supiera exactamente lo que iba a escuchar.
—Señor Vegetti —comenzó el doctor con tono profesional—, tras evaluar nuevamente su estado, puedo deci