El alta médica llegó sin ceremonia, sin emoción, sin alivio para alguien como Antonio Vegetti, el hospital nunca fue un lugar de descanso, fue una pausa forzada, una interrupción y ahora había terminado, puesto que lo que mas deseaba el hombre era desaparecer de alli. Antonio salió de la clínica con paso firme. Impecable, su porte intacto, como si el accidente no hubiera sido más que una molestia menor, un inconveniente en su agenda, pero sus ojos no reflejaban calma. Eran oscuros y fríos. Cargados de algo que crecía en silencio. Ira. Claudia caminaba a su lado, su expresión era distinta. Había inquietud en ella. Algo que no lograba ignorar. —Antonio —Comenzó diciendo con cuidado — ¿Ocurre algo? — Pero él no la miró. —No ocurre nada, solo tengo muchas reuniones y este accidente me ha atrasado bastantez, deberías ir al Penthouse —Dijo el hombre de manera brusca, seco, directo. Claudia se detuvo apenas. —¿Sola? —Preguntó ella, aquella idea no era de su agrado, no en ese momento
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