La habitación de la clínica estaba en silencio. Un silencio extraño. Como si algo estuviera a punto de romperse. Antonio Vegetti permanecía sentado en la cama, con la espalda apoyada contra el cabecero, pero su cuerpo no estaba en reposo. Nada en él lo estaba. Su mirada estaba fija en un punto invisible. Pero su mente era un caos, imágenes que se repetían.
Renata.
Su rostro. Sus manos. Y luego otra imagen. Renata con Sebastian. Renata entrando en un auto con él. Sus dedos se tensaron.
—Así q