El hospital estaba más silencioso de lo habitual. No era un silencio vacío Era uno que anunciaba finales. El doctor cerró el expediente con calma, revisando por última vez los signos vitales de Antonio Vegetti. Su rostro mantenía una expresión profesional, pero había algo en su mirada… algo que confirmaba lo evidente.
—Mañana podrá ser dado de alta, señor.
Antonio no respondió de inmediato. Estaba sentado en la cama, recto, firme. Pero su mente. No estaba ahí.
—Su recuperación ha sido favorabl