La habitación del hospital estaba en silencio, un silencio pesado, denso. casi incómodo.Antonio Vegetti permanecía recostado en la cama del hospital, con la mirada fija en el techo blanco. Su expresión era inexpresiva, pero sus pensamientos no lo eran. Eran un caos.Oscuros.Inquietos.Peligrosamente posesivos. —Lleva a Claudia a cualquier lugar… dile que me preocupo mucho por ella… que vaya a descansar y trae a Renata.Había dado la orden sin titubear como si fuera lo más natural del mundo, como si tuviera derecho, como si Renata aún le perteneciera. Marcos, de pie frente a él, asintió. —Sí, señor. Pero en su interior nada estaba en calma, porque sabía, el asistente sabía perfectamente lo que su jefe no. Había visto a Renata. Había visto quién fue por ella, los encargados de mantener a la vista a Renata vieron a Sebastian Vegetti llevársela."¿Debo decírselo? "Pensó Marcos. Su mirada bajó levemente "No. No podía. No ahora."Conocía a Antonio. Conocía su temperamento. Su orgullo.
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