El vapor aún flotaba suavemente en el aire del baño. Renata salió envuelta en una toalla ligera, con el cabello húmedo cayendo sobre sus hombros. El agua caliente había relajado un poco su cuerpo, y por primera vez en días, sentía que podía respirar sin que el pecho le doliera tanto. Habían sido cuarenta y ocho horas infernales. Demasiadas decisiones. Demasiado dolor. Demasiado peso sobre sus hombros.Estaba envuelta en un juego cruel del destino, pero a final de aquel túnel lleno de espinas, ella parece encontrar rosas blancas. Caminó lentamente hacia la sala, secándose el cabello con otra toalla mientras su mirada se posaba en el teléfono que había dejado sobre la mesa. La pantalla se iluminó cuando lo tomó. Varias llamadas perdidas. Su ceño se frunció. —¿Tantas, pero qe ha pasado, porqué tantas llamadas? — Ella estaba confundida. Lo primero que pensó fue que era del hospital que su madre quizás ha empeorado. Desbloqueó el dispositivo. Había llamadas de números desconocidos
Leer más