El despacho del CEO de Vegetti Group estaba en silencio. Un silencio que estaba lejos de indicar paz. Desde el piso más alto del edificio, la ciudad se extendía como un océano de acero y vidrio bajo la luz del mediodía. Antonio Vegetti permanecía de pie frente al enorme ventanal. Su traje oscuro estaba impecable. Su postura era recta. Su expresión fría. Como siempre. Pero el informe que acababa de recibir había provocado una ligera grieta en su habitual control.
—¿Estás seguro de lo que dices?