El primer viaje en familia(Perspectiva de Mariana)La maleta parecía una zona catastrófica. Ropa doblada, desdoblada, arrugada, tirada de mala manera por todas partes. Los pañales formaban auténticas montañas… de la talla P, M, G, nocturnos, de tela, desechables. Pomadas, toallitas, gel desinfectante, termómetro, aspirador nasal, jeringuillas para las medicinas. La habitación de Henrique se había convertido en un centro logístico de distribución.—Creo que me estoy pasando tres pueblos —dije, mirando la montaña de pañales.—Qué va, para nada —respondió Rodrigo desde el otro lado de la cama, doblando su propia ropa—. Es una semana entera fuera. Es mejor que sobre a que falte.—¿Y si se nos gastan?—No se van a gastar. Si te llevas doscientos.—Son ciento cincuenta.—¿Ciento cincuenta pañales para siete días? Pero si gasta seis al día.—Gasta ocho. Y paso de andar contándolos.—Pues no los cuentes. Llévate doscientos.—¿En serio?—Sí.—Pues nos va a hacer falta una maleta solo para los
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