Visión de MarianaLa habitación de Henrique estaba a oscuras, iluminada solo por la tenue luz de la lamparita con forma de nube que había elegido Laura. Olía a talco y a leche, ese olor tan rico a bebé que nunca me iba a cansar de notar. Estaba tumbado en la cuna, con los ojos ya caídos…— Casi un año — susurré, pasándole los dedos por su pelo fino y oscuro —. ¿Cómo es posible que vayas a cumplir ya un año, mi amor?Parpadeó despacio, mirándome con esos ojos claros con la confianza de quien se sabe a salvo.— Duerme, pequeño. Mamá está aquí.Bostezó y se quedó frito enseguida. Su respiración se volvió lenta, profunda, y relajó la manita sobre la manta. Me levanté del sillón con cuidado y estiré la espalda. El embarazo me había dejado la manía de desperezarme incluso después de que naciera Henrique. Suspiré, le eché un último vistazo y salí de la habitación dejando la puerta entornada.En el pasillo, la luz de la luna entraba por las ventanas. Rodrigo asomó por la puerta del cuarto de
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