El chorro de vapor a alta presión que escapó de las tuberías rotas inundó el pasillo de "La Jaula" en cuestión de segundos, creando una cortina blanca, densa y abrasadora que anuló por completo la visibilidad de los focos halógenos. Los gritos de maldición de los dos guardias de los Valenti resonaron ahogados por el estruendo del agua hirviendo, mientras intentaban cubrirse los ojos con los antebrazos. Marcus no lo dudó; el instinto primitivo de supervivencia, el último rescoldo de fuerza que le quedaba en un cuerpo destrozado por el plomo, tomó el control absoluto de sus músculos agonizantes. Su hombro izquierdo era una masa de carne abierta que no dejaba de emanar sangre espesa, y cada movimiento le arrancaba destellos de negrura en las pupilas, pero el miedo a quedar atrapado en ese cementerio de hormigón fue más fuerte que el dolor.Dejándose caer sobre el cemento cubierto de cascotes, arrastró su cuerpo moribundo hacia la pesada rejilla de hierro de la trampilla de drenaje pluvia
Leer más