Marina miró con atención el semblante de Efraín, se percató de que, efectivamente, lo que estaba tocando y viendo no era solo un engaño, era la verdad; en su mirada no mostraba nada más que deseo.En un acto que ni ella misma se explicó, se puso de puntitas y con ambos brazos atrajo su rostro hacia sus labios.Efraín, al ver aquella acción, se sorprendió; de todos los escenarios que pudo imaginar como respuesta a su confesión y acción, jamás contempló esto.No podía negar que, aunque aquel beso era torpe y sin duda era el resultado de los efectos del alcohol, se sentía mucho mejor de lo que algún día imaginó; aquello provocó que se dejara llevar, aunque casi de inmediato reaccionó.—Mar… Marina… Espera, espera… —dijo aquel hombre tomándola de los brazos para apartarla.Marina, al ver aquella acción, solo pudo sentir como sus mejillas comenzaron a arder de vergüenza.—¡Lo… ¡Lo siento! —respondió ella, abriendo rápidamente la puerta de su habitación y entrando. —¡Perdóname! No era mi int
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